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¿CUÁL ES EL PAPEL DEL LOGOPEDA EN LA TARTAMUDEZ ADULTA?

22-10-2016 - La tartamudez es un trastorno de la fluidez del habla, que con el paso de los años termina por convertirse en un problema de comunicación, con graves repercusiones a nivel laboral y social.
Tradicionalmente se creyó que la tartamudez era un problema de origen psicológico, creado fundamentalmente por la presión del entorno *1, sin embargo, y a pesar de estas creencias nunca demostradas el profesional al que se acudía era el logopeda (eso sí, no antes de los 8 ó 9 años, pues según aquellas teorías podríamos crearle conciencia e instaurar el problema). Así se llegó a una situación en que todo el mundo opinaba sobre qué es y qué no es tartamudez *2 y donde ni siquiera los propios logopedas se ponían de acuerdo *3.

Con un planteamiento tan contradictorio, los logopedas abordamos la tartamudez como pudimos, sin fundamentos que sustentaran ni su abordaje ni la toma de decisiones. Para los tratamientos se aplicaron técnicas que, si bien favorecían la fluidez de manera inmediata, no lo hacían a medio-largo plazo.

Con este panorama, las personas que tartamudean se enfrentaron a un devenir vital marcado por las burlas, la soledad (pues ni la propia familia hablaba del tema) y un bagaje de especialista en especialista, sin éxito.

Así llegamos a la segunda década del siglo XXI, momento en que “la tartamudez” está sumamente dolorida, agotada y desconfiada...

Hoy, los logopedas que nos dedicamos a tartamudez, luchamos no sólo para que el resto de especialidades entiendan nuestra labor, sino para que incluso, las personas adultas que tartamudean vean los beneficios que actualmente les podemos aportar.

Sabemos ya que su origen parte de una condición neurológica diferente. Una dificultad en el área de la programación motora del habla, es decir, estaríamos ante un problema de tipo pre-motor *4. Existen también, múltiples casos clínicos* 5 y *6 e investigaciones en los que la tartamudez se ha asociado a los núcleos de la base, lo cual nos ayuda a entender su elevada variabilidad y las diferentes condiciones de habla fluida *4, así como los motivos por los que aumenta o disminuye en determinadas condiciones emocionales. Sabemos por tanto que, aun no tratándose de un problema periférico del tracto vocal, éste se verá directamente involucrado debido a una incorrecta funcionalidad de los músculos en determinadas situaciones del habla. Incluso algunos estudios nos hablan de un problema en la glotis, previo a la fonación *7 y *8. Y sabemos también que no se contagia ni se imita, sino que presenta una carga genética importante (80-60% de los casos) *9.

Con todo esto y más, el logopeda posee herramientas para ayudar no sólo al niño que comienza a tartamudear, sino también al adulto que, aun llevando toda su vida tartamudeando, podrá mejorar y “tartamudear fluidamente”, enfrentándose con seguridad a las posibles situaciones que la vida le presente. Aunque existen algunos casos de remisión casi total, no podemos afirmar que la tartamudez, a día de hoy, remita en la edad adulta. Pero partiendo de esa premisa fundamental, la persona que lo desee, si podrá reducir su grado de afectación tanto en los comportamientos primarios *10 (disfluencias propiamente dichas: repeticiones, prolongaciones o bloqueos) como en los secundarios *10 (tics, tensión muscular, movimientos asociados, muletillas, evitaciones, ansiedad anticipatoria, etc.)

No podremos olvidar que las personas adultas que tartamudean, en su gran mayoría “sufren” también las consecuencias de un transcurso vital duro, plagado de inseguridades, miedos o ansiedad. Desde la logopedia la mejor herramienta que tenemos para abordar esta cuestión, es trabajar conjuntamente con un psicólogo. Nuestra recomendación será realizar tratamientos combinados.

Nosotros, terapeutas del habla y del lenguaje, con todo lo que hoy sabemos sí podemos ayudar a las personas que tartamudean: enseñándoles a conocer y manejar su habla, y descubriendo la fisiología implicada en su propio tartamudeo para poder modificar sus hábitos y reducir sus disfluencias. Con frecuencia tendremos que enseñarles a invertir algunos o, en ciertos casos, todos los procesos que hasta ahora estaban presentes en su patrón de habla: cambiando fuerza por laxitud, inspiraciones forzadas por espiraciones relajadas, reduciendo los elevados niveles de presión glótica, disociando fuerza y habla, aplicando inicios suaves, enlenteciendo en lugar de “escapar corriendo”, superando la presión del tiempo, parando, entonando y disfrutando de hablar. Ese será el objetivo final: hablar y disfrutar de hacerlo, en mayor o en menor tiempo, pero haciéndolo al fin.
Pero sin olvidar nunca algo fundamental, realizar la fase de generalización o transacción a su vida diaria. Dada la implicación de los núcleos de la base, y por ende, el complejo condicionante emocional, así como el complicado trascurso vital de las personas que tartamudean, tras el periodo de acomodación y aprendizaje, tendremos que, realizar minuciosas aproximaciones, salir de la clínica e introducir estos cambios en su vida diaria. “Ahí comenzará a dar fruto nuestro tratamiento”.

Por tanto, hoy los logopedas podemos realizar los tratamientos con la seguridad que da basar nuestras intervenciones en fundamentos científicos y evidencias clínicas y de que somos nosotros los especialistas del lenguaje y del habla, los profesionales indicados para mejorar la fluidez. Pudiendo al fin, afirmar con certeza que el papel del logopeda a día de hoy es, no sólo útil, sino necesario para mejorar las condiciones de habla y comunicación, en consecuencia, mejorar la calidad de vida de las personas que tartamudean.

Raquel Escobar Díaz
Logopeda 15/0338
Doctoranda en Desarrollo Psicológico, Aprendizaje y Salud, USC. Tesis en Tartamudez.
Jefe del servicio de logopedia del centro médico El Castro Porriño


REFERENCIAS:
1- Johnson w. et all, (1959) The onset of stuttering. Minneapolis: University of Minesota Press.
2- West, R., Ansberry, M., & Carr, A. (1957). The rehabilitation of speech; a textbook of diagnostic and corrective procedures based upon. A critical study of speech disorders (3rd ed.) NY: Harper.
3- Culatta y goldberg (1995). Stuttering therapy: An integrated approach to theory and pactice. Needham Heights, MA: Allyn and Bacon.
4- Alm. P. (2006) Stuttering and the Basil Ganglia
5- Adrian B. Levine and co. (2016) New onset stutter following electrode insertion in the ventrocaudalis nucleus for face pain. World Neurosurgery. Volume 90, Pages 703.e7–703.e10
6- Gerald Maguire, (2010) Annals of Clinical Psychiatry 2010; 22 (4): 283-284
7- Freeman, F. J., & Ushijima, T. (1978). Laryngeal muscle activity during stuttering. Journal of Speech, Language, and Hearing Research, 21(3), 538-562
8- Per Alm, (2016) “Pero al final… ¿qué es la tartamudez?” Ponencia inaugural del I Congreso De Trastornos De La Fluidez, Barcelona.
9- Sangorrín. (2005) Tartamudez o disfemia. Rev. de Neurología
10- Guitar, b (2013) stuttering: An integrated approach to its nature and treatment. Lippincott Williams & Wilkins.
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